Historia

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El timo era conocido por los antiguos griegos, y su nombre proviene de la palabra griega θυμός (thumos), que significa corazón, alma, deseo, vida — posiblemente a causa de su ubicación en el pecho, cerca de donde se sienten en forma subjetiva las emociones; o en forma alternativa su nombre proviene de la hierba thymus (tomillo) (en griego θυμός), que se transformó en el nombre de una “excreción informe”, posiblemente por su parecido con un manojo de tomillo.[1] [2]

Galeno fue el primero en darse cuenta que el tamaño del órgano cambiaba a lo largo de la vida de una persona.[3]

A causa de la gran cantidad de linfocitos apoptoticos, inicialmente el timo era considerado una “tumba de linfocitos”, sin una importancia funcional. La importancia del timo en el sistema inmune fue descubierta en 1961 por Jacques Miller, al extraer mediante una cirugía el timo de un ratón que tenía tres días de edad, y observar la deficiencia que sufrió posteriormente su contaje de linfocitos, que luego fueron denominados células T, en referencias al órgano de donde provenían.[4] [5] Recientemente, estudios en la immunología han permitido comprender en detalle cual es la función que cumple el timo en la maduración de las células.

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